«Los cerdos más guarros de barro narran mi historia…» decía Mucho Muchacho en «Con esos ojitos«. Repletas de podredumbre, carcoma, inframundo, droga, sexo sucio, belleza destruída, abandono, sangre, maltrato, vida en la calle, música, armas, poca vida, mucha muerte, poca suerte. Pero bastante verdad, aunque sea una que normalmente no queramos ver a nuestro alrededor. O estar un rato y luego poder volver. Justo lo que los protagonistas de las fotos probablemente nunca podrán hacer. Recuerda a ese Terry Richardson cuando era más crudo que la nevera de esa carnicería que apesta tu barrio, antes de hacer retratos más comerciales y esconder lo bueno en su «Diary». Oye la mierda que he traído. Con esos ojitos.

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